
El abuelo siempre estaba allí. En esa habitación, con olor a Ducados, muebles oscuros de nogal repletos de libros, de portafolios y de papeles, y una mesa enorme con sus tijeras largas, lupa, bolígrafos y una carpeta din-a3 de cuero en la que guardaba sus más recientes trabajos o investigaciones. La puerta chirriaba al entrar, lo que hacía del despacho un lugar muy misterioso (o así lo veía yo), y lleno de sorpresas. Tenía la letra pequeña y escribía en medias cuartillas todo lo que le venía a la cabeza: ensayo, poesía, griego, esperanto, historia o disertaciones filosóficas.
En una ocasión, le dije que me recordaba a D. Quijote de la Mancha. ¡No digáis que no!: “de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro”… caballero, visionario, con una vida plagada de anécdotas cómicas y de humor satírico, idealista… jeje… pero a él no le sentó muy bien la broma; quizá temía seriamente perder la razón, porque era demasiado inteligente y sensible para circular, sin sufrir daños irreparables, por este mundo plagado de groserías y crueldades. Lo gracioso es que estos enfados repentinos, por injusticias o insolencias... ¡son también característica quijotesca! jeje. Abuelito, abuelito: seguro que, desde donde estés, vuelves a perdonar mi idea.
El abuelo, Jorge García-Ynés Beronda, Doctor en Derecho y en Filosofía y Letras, murió el 15 de febrero de 1989 a los 80 años de edad. Nos dejó un árbol genealógico elaboradísimo, que asciende y asciende hasta generaciones muy anteriores a la nuestra, y que mamá y Blanqui se han encargando de pasar a formato electrónico y actualizar. Cuando pueda, lo incluiré en mi blog para que podamos comentarlo.
Ahora quiero que sepáis que guardo en mi casa algunos libros que me podéis pedir cuando queráis, ya que son de todos. Yo no los he leído, aunque sí los he ojeado y olido jeje Próximamente me atreveré con uno de ellos que me apetece muchísimo: El crimen de un académico.
1. Las Razas Humanas, de Ratzel, volúmenes 1 y 2, con unas ilustraciones preciosas, como la que pongo a continuación.
2. El crimen de un académico, de Anatole France.
3. La Atlántida, de Jacinto Verdaguer (en catalán).
4. El carácter a través de la escritura, de Pampin Asorey.
5. El maravilloso mundo de los animales, de Miguel Fuste Ara.
Abuelito: los juegos de palabras que practicábamos juntos, que inventabas para infundirnos ese amor por la lengua y la filosofía que tú derrochabas, no fueron en balde. A todos nos gusta leer, y a todos nos gusta reflexionar. Este es tu gran legado. Muchas gracias. No hay una herencia mejor que ésta. Gracias. Gracias. Gracias.
Guardo todos los abrazos que no tuve tiempo de darte, para cuando nos volvamos a ver. Mientras tanto, quedan aquí estas letras como muestra de mi cariño, respeto y admiración sin límites.

10 comentarios:
Gracias Eva, por esas palabras tan bonitas y justas que le dedicas al abuelo Jorge, mi padre.
Era un ser realmente excepcional, no solo por su inteligencia asombrosa y su gran sabiduría, sino por sus valores morales. Rea generoso y tolerante. Y claro…ese SENTIDO DEL HUMOR tan oportuno, no es que se propusiera “hacer gracias” es que el mismo era PURA GRACIA.
Fue buen hijo, buen esposo, buen padre y buen abuelo.
Como el decía: (como definición, de la persona a la que consideraba perfecta) “Es un ser cabal”. Tu, Jorge García-Ynés, si que eras UN SER CABAL.
Blanca
¡Hola, mamitinina!
Sí. Tú fuiste de todos la más afortunada, ya que pudiste aprender y disfrutar de él más que nadie.
Mis recuerdos son muy borrosos... yo tenía 19 años cuando él murió y andaba muy ocupada con mis asuntos de la post-adolescecia. Si te soy sincera, cuando trato de mirar hacia tan atrás, parece que mis 20 primeros años, han sido... un sueño. Desperté de él demasiado tarde para mi relación con el abuelo.
Menos mal que, conviviéndo con la abuela, tuve tiempo de urgar en la biblioteca y pude averigüar poco a poco todo lo que le resultaba interesante (bueno, o gran parte de ello). Allí me dí cuenta de nuestra suerte, en cuanto a la herencia cultural que mencionaba en el post.
Qué pena que no hayamos sabido aprovechar el legado y, como dice Tato, nosotros, sus nietos, seamos unos "degeneraos" jeje A ver si los pequeñajos que nos siguen logran regresar a los orígenes. Yo guardaré, para ellos, los libros del abuelo.
Mil besitos, mamita linda.
Querida Evita:
¡Qué bonitas las palabras que dedicas a la memoria de tu abuelo! Si existe algo parecido al cielo que, como tu madre, crees cierto, te bendecirá desde allí . En todo caso siempre te acompañará. Está en ti, en lo más hondo de tu ser, en tus genes, Eva él se prolonga en ti y ese reconocimiento a tus raíces te honra. Si no tenemos claro qué somos y de donde venimos no valemos nada y hoy todo parece conspirar para que lo olvidemos.
Ese bonito sentimiento tuyo que expresas con tanta claridad me ha llevado a pensar en las relaciones que quienes como yo, sin tener la edad de tu abuelo y siendo representantes de la cosmovisión de vuestros padres, que para vuestros hijos será la de sus abuelos, mantenemos con personas más jóvenes que nosotros . bien por tratarse, como en tu caso de amigas, o de alumnos o compañeros de trabajo o de estudios, en el caso de algunos entre quienes tengo la suerte de contarme por seguir mi mente en activo y no estar dispuesto a deponer esta actitud en tanto no mermen mis capacidades intelectuales.
Siento que tenemos la obligación de transmitir nuestros conocimientos, valores, afectos y creencias a las nuevas generaciones, como nuestros padres y abuelos hicieron con nosotros. Y digo padres y abuelos en el más amplio sentido incluyendo los biológicos y los del alma.
Quienes abrieron mis ojos a las bellezas del arte, las humanidades y las ciencias son mis padres espirituales a los que bendigo por el bien que me han hecho y la vida del alma que me han dado, tanto como a mis padres biológicos agradezco el legado genético de tantas generaciones precedentes que he recibido a su través sólo porque supieron conservarlo para mi siendo leales y fieles a ellas,
Qué sabio el dicho. Quien a los suyos se parece, honra merece.
En cuanto a los hijos de nuestro espíritu, esperamos que nos descubran en nuestras obras, si las tenemos y en todo caso en nuestras lecturas y nos den la mano y se animen a seguirnos en los maravillosos viajes espirituales inmensamente gozosos que hemos emprendido,
Cuando falleció mi querido y añorado padre, hice una lista de los libros de cabecera que le acompañaron en sus últimos momentos, cuando yo no podía estar a su lado porque estaba cumpliendo mi deber para con mi patria.
Estos libros me siguen hablando de él y de sus sentimientos y son para mi un tesoro sin precio que me seguirá acompañando hasta mi último momento.
Gracias, Eva por ser vehículo transmisor de esas grandes verdades que dan sentido y dignidad a nuestras vidas y recordárnoslas a todos.
El Abuelo... vaya, yo creo que soy la que menos disfruté de él, porque si tu tenías 19, entonces yo tenía 10, pero no veas qué recuerdos me ha traído lo que has escrito. Ese despacho... oscuro, lleno de libros viejos... las gigantes tijeras y la lupa!!! Qué bueno era explorar esos terrenos... jejeje Yo me acuerdo de una colección de libros que tenían debajo de la tele, de color rojo o rosa oscuro. En la primera página de cada uno de ellos venía un retrato a plumilla del autor. Sólo con enseñarle el retrato sabía de qué autor y escrito se trataba... Me acuerdo que siempre estaba refunfuñando, y que tomaba el pelo a mis amigas llamándolas por otro nombre... jejeje Me acuerdo de cuando jugábamos a: diez nombres de pintores españoles... ¡¡¡rápido!!!.... jajaja yo solo daba con un par de ellos y me ponia tan nerviosa que ya no podía contestar mas... jajajaj
La verdad es que la mejor herencia que nos ha dejado es la lectura... y aunque se enfade... para mí también se parecía a Don Quijote ...
Besitos
¡Hola, Romanchito!
Muchas gracias por tu precioso comentario. Veo que te ha movido algo dentro porque, efectívamente, a tí te ocurrió con tu padre algo parecido a lo mío con mi abuelo... si se puede comparar... (circunstancia aún más injusta, la tuya). Pero, al menos, tanto tú como yo hemos podido, a través de sus libros, "recuperar" un poco de aquello que núnca llegaron a decirnos, pero que habitaba en sus almas. En tu caso, también la música es portadora de ese regalo. Somos seres afortunados, Román. Ojalá nuestros descendientes, y aquellas otras personas a las que sentimos como familiares, puedan estar también orgullosos de la "herencia" que nosotros les dejemos.
Mil besos, amiguito lindo.
¡Buabulolis! jeje ¡Cuánto tiempo, enana! Ya te echaba e menos! (un montón)(o más montones).
Sí que es verdad... los libros de debajo de la tele... jejeeee... allí reunidos: Voltaire, Tolstoi, Tagore, Cervantes, Balzac... Santa Teresa, Larra o Goethe... todos los grandes (o muchos de ellos). Yo tengo 29 de esa colección, Baby. Se me había olvidado ponerlos en el blog! (los tengo en sitio diferente de los otros, más antigüos). También recuerdo su juego de los diez pintores, y creo que yo llegaba hasta 3 ;-))
En fín, creo que ambas nos lo perdimos... pero, cuando quieras, te presto alguno de sus libros para que "te metas dentro de ellos" y sientas, quizá, lo mismo que el abuelo sintió mientras los leía. Dicen en física cuántica (corregidme si me equivoco) que, cuando miras algo, ya lo estás modificando... ya no es igual que era antes de que tú lo miraras... y, si esto es así, se podría quizá decir que los libros del abuelo son únicos en el mundo (porque él los modificó) ¿no? Y a la vez, los libros le modificaban a él, claro. Una "relación" maravillosa, perfecta... de no ser porque... las personas vivimos mucho menos que los libros! (Cáchissss!).
Mil abrazos, mi hermanita preciosa. (Sigo reservándo el domingo para vernos, por si hace bueno y cuadra la cosa).
Aquel día pasé por casa de los abuelos. No recuerdo por qué fuí, tal vez por un recado de Mama o para darle un "sablacillo" a la abuela. Entré en el salón y el abuelo dormia sentado en el sofá con aquella postura tan suya, sus largas piernas cruzadas y la cabeza descansando sobre su mano, como si Rodin se hubiera inspirado en ella para bosquejar la posición del Pensador.
Al salir le miré unos instantes, como etrañado por algo inconcreto y me marché pensativo. El abuelo ya estaba de viaje. Quizás al partir pensaba en la lista de literatos del siglo de oro o en la escuela aristotelica. Puede que estuviese recordando a aquella joven Rosita, tan hermosa y alegre, a cuyo amor ofreció su mayor encanto e ingenio, tal vez en sus hijos y nietos a los que mostró el mundo con su humoristico talento. Lo mas probable es que en ese momento toda su vida se iluminara en su cabeza... ¡¡Imagina que magnifico paisaje!!
El día que partamos nosotros, también se iluminaran en nuestros cocos aquellas imagenes del abuelete retando a sus nietecillos a una carrera hasta tal fuente del retiro. Imposible ganarle, era veloz como una liebre y cuando ya fuí suficientemente mayor para plantarle batalla, verle correr me hacía reir tanto que perdía el resuello y me tenia que parar. Tantos momentos sentidos que tu has descrito estupendamente. Cada momento con el era algo tan, tan interesante...
Para mi fué algien magnifico, inmensamente querido y admirado, creo que todos los que tuvimos la suerte de conocerle sentimos algo similar, tan bonito como el valioso regalo que nos hizo a todos. Nos regaló la risa del humor y el amor por los libros y el arte. Me hace gracia pensar que ahora pudiera estar por ahí, discutiendo con Socrataes, DaVinci y Mozart sobre tal o cual asunto y haciendolos reir con su fino ingenio.
Es curioso pero una serie de coincidencias me hizo buscar el otro día un libro en catalan (por aprender un poquillo) y uno de los que llevaba en mente era la Atlantida de Verdager por que oí en alguna parte a un poeta catalán mencionarlo con admiración. Yo también tengo algún libro del abuelo, y estan a disposición y cuidado de todos nosotros. Cuando tenga estanterías los desembalo y te mando una fotillo.
Queridiiiiisima Evilla, tienes el don de emocionarme y hacer despertar dormidos recuerdos-sentimientos de felicidad. Muchas, pero que muchas gracias. Te quiero un montón
¡¡¡¡Pablete!!!!
Pero ¡qué PRECIOSO comentario! Ya sabía yo que tras esa máscara de paletillo simpático que te pones, se ocultaba un poeta en potencia! jejeeeeeee De verdad te lo digo. Muchísimas gracias. Veo que, realmente, he conseguido que muestres (no que tengas, porque tener, lo tienes desde siempre) esa parte espiritual de tí que me hechiza, como al resto de las personas que te conocen.
Me he reído mucho con tu anécdota de las carreras en el Retiro jajaaaaaa Y es una ¿casualidad? enorme lo del libro de la Atlántida. Lo tengo listo para pasártelo en cuanto nos veamos, aunque, por lo que sé, no está escrito en un catalán muy actual... luego te mandaré un enlace interesanísimo que me ha enviado Román, con versiones en catalán y castellano, para que le eches un vistacillo.
También tengo la recién nacida plantita de la abuela, para que ambos (libro y planta) te acompañen en tu soleada casita.
Sí. Cuando abras las cajas, hacemos un "catálogo" de los libros del abuelo porque, cuantos más tengamos, más sabremos de él y sus "andanzas" por esta tierra jeje. Yo me he terminado ya "El crimen de un académico", y estoy encantadísima!!
Te quiero mucho más allá de esta hermandad que el destino nos tenía preparada, Tatucho.
Creo, hijo mío, que alguien no muere realmente, hasta que lo han hecho todas las personas que le conocieron, amaron y admiraron. Así que mi padre, vuestro abuelo, seguirá VIVO mientras hablemos de el. Mientras al evocarle sintamos que el sentimiento de “ausencia” que nos ha dejado en el corazón lo renovamos cada día.
Su equipaje, una minúscula mochila, cuyas valiosas viandas eran:
El cariño y reconocimiento de todos nosotros. Con ese inmaterial tesoro voló al Cielo. (Donde nos espera, mientras conversa y bromea con su idolatrado Unamuno).
Tu comentario, Pablo Abel, salido de lo más profundo del alma, lo habrá leído emocionado, tu abuelo. Le gustaba conversar sobre temas serios, íntimos y sentimentales, comenzando con la frase:”Vamos a hablar de corazón a corazón” . Así lo hemos hecho, en estas páginas de “Bloc de notas” que Eva ha puesto a nuestra disposición. ¡Gracias hijos!
Mamá
Cuánta ternura.
Cuando veo a mis hijos con sus abuelos es como entrar en un espacio-tiempo en el que las reglas de la vida ordinaria no funcionan.
Y una entrada como ésta lo demuestra a las claras.
Muy hermoso.
Un saludo.
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