domingo, 18 de enero de 2009

¡Salvemos a Pedrito!


Entre todos los niños de primaria que asisten al comedor del colegio, hay un comentario común: no hay nada más asqueroso que ¡¡LA COLIFLOR!. Horrible. Espantosa. Dice Pedrinchi que no hay quien se la coma, porque "huele a pedo" (así de claro jeje).

Así que, cada vez que en el menú aparece la pestilente vianda, se pone como loco a preguntar: "Mamá: ¿me vas a salvar? ¿quién me va a salvar? Por fi, por fi... mamá, no me dejes al comedor, sólo ese día, por favor... me obligan a comerla a cucharadas... y vomito".

Es un niño agradecido: fijaros, si no lo creéis, en el autorretrato que regaló a Lita el último día que fué liberado de esta angustia tan tremenda. Observad bien su sonrisa (y el agujerito en la barbilla que parece haberse descubierto jeje).

En fín: a todos los que hicísteis el esfuerzo para acudir en su auxilio cuando lo reclamó, a los que convertísteis un posible mal día en uno grande y memorable, en este u otro sentido, os dedico esta entrada, con todo mi agradecimiento.

Aunque no lo sabe aún en gran medida, Pedro es un niño muy, pero que muy, afortunado. Y no me refiero sólo a los bienes materiales (entre los que cito el comedor del colegio - con coliflor incluida), sino a aquellos otros, no contables, que forjan día a día su salud mental y emocional. Entre estos, en primer órden: el afecto que recibe de vosotros.

Por cierto, que hace poco leí en alguna parte una definición muy original de la palabra "afecto". Esta era: "la ayuda que necesitamos de los demás para sobrevivir". ¿Qué os parece?.

Yo no sé si se puede comparar el afecto con el oxígeno o el agua; no sé si es necesidad primaria para la supervivencia. Pero, si me esfuerzo en imaginar mi existencia sin ningún afecto - mucho he de esforzarme, menos mal -, siento tal incertidumbre... como si me mirara en el espejo y mi imágen no se reflejara, algo así. ¡Vaya una vida fantasmagórica sería! ¿no?. Así que volvemos a lo que repito sin cansarme: gracias por estar ahí, gracias por devolverme la imágen. Y hoy en especial, por ayudar a que Pedrito vaya creando la suya (¡y así de sonriente! ;-)).

Otros mil millones de besitos.


8 comentarios:

Apologética dijo...

luz

Anónimo dijo...

¡Sálvame querida Lita,
De comer la coliflor!
¡Que bonito nombre tiene,
Mas…muy malo su sabor!
Ese sufrimiento, Pedro,
(Mi pequeño comilón)
Es algo que me recuerda…
Un episodio anterior:
“Una nenita lloraba,
Masticando coliflor,
(Como a ti no le gustaba)
Pero…nadie se apiadó.
¿Adivinas nieto lindo?
¡Esa pequeña era yo!

Román dijo...

Hola Evita:
Por desgracia la distancia no me permite echarle una mano a Pedrito en su apuro pero vaya desde aqui toda mi simpatía con él. Yo sigo odiando la coliflor y no creo que vaya a enmendarme ya. Bueno, tampoco estoy seguro que sea muy bueno para su educación darle la razón sin más por aquello de que "hay que comer de todo" pero comprendo su repulsión invencible y reconozco que no sería capaz de la hipocresía de recomendar a otros nada que yo no sea capaz de hacer.

Afortunadamente mis alumnos iban de los dieciocho a los treinta y tantos y solo debía enseñarles economía.

Coincido contigo en que el afecto es lo más valioso que podemos recibir los seres humanos, en nuestra infancia para desarrolarnos armónicamente y luego en las sucesivas etapas de nuestro camino, para poder seguir viviendo una vida digna de tal nombre.

Pedrito es un niño afortunado porque vive rodeado de él y por tenerte a ti como madre.

Román

Eva dijo...

¡¡¡Hoooolaaaaaaaaaaaaaaaa!!!

¡¡¡¡Graaaciiiiiiassssssss!!!

Muy buena la poesía, mamita jajaaaaaaaaaaaaaa Sí, debe ser algo común en los niños. En mi caso eran las acelgas, horrible trance aquel que seguiría vigente hoy en día si hubiera de tomarlas... menos mal que ya no voy al cole! jeje Sin embargo creo que tú lo superaste, porque haces la mejor coliflor con bechamel del mundo. Seguro que si se la diera a probar a Pedro, cambiaría de opinión (haremos la prueba).

Romanchito lindo: Tu afecto también le llega a Pedrito, no te preocupes por la distancia. Le llega a través de mí, porque la alegría que me produce leer tus palabras se la transmito, de alguna forma, cada día. Muchas gracias, mi amiguito, por estar tan cerca de mí.

Anónimo dijo...

Jajaaaaa!!! que bueno!!!. Hacía un tiempecillo que no me daba una vuelta por aquí y me he topado con tus bonitas reflexiones y con la carilla sonriente de ojos azules dibujada con esmero y muchísima gracia.

¿Así se ve a si mismo "el rubio" Pedrito?...es genial.

Un beso queridos,

Anónimo dijo...

Gracias por linkarnos y por tu comentario en el blog. Un fuerte abrazo, maja

Anónimo dijo...

Hola, te he añadido a de50en50 como blog amigo. Gracias

Eva dijo...

¡Hola, tatuchi preciosa! Pues, cuando puedas, quedamos para que veas al pequeño rubiales, y le enseñes a patinar, que desde que no vienes, no patina jeje (será que "su madre" no se anima tampoco a subirse en las cuatro ruedas). Te esperamos, guapa. Un abrazote.